Siento, presiento.
En tu centro,
en el mismo centro de tu pira crepitante.
En el caos de tu ternura sepultada
por miles de rocas, en los escollos incrustados de tu consumida víscera roja. Siento, te siento en tu pupila dilatada,
acústica, eléctrica.
Me cuelo en tu silencio
y lo siento,
lo aspiro
me impregno, te circundo,
te vuelo.
Expulso mares de océano,
océanos de mar. Te vaporizo
y no puedo, pero quiero
romperte la corteza,
implantarme en tu piel.
Siento, te siento a milímetros.
La distancia se acorta
se extrecha
se disuelve.
Nos emulsionamos.
Tú y tu lumbre.
En tu incendio.
Soy el germen del agua.
Me respiras. Me inspiras. Te consuelo. Me bebes, me abismas. Buceas mi pozo y te rabio
porque quiero
y no puedo filtrarme en ti.
Deseando que sepas.
Que leas.
Que tiembles.
Temblar contigo.
Que guardes todo esto. Que lo copies y lo pegues y te quedes pringadísimo. |
Últimamente me acuerdo mucho del bibliotecario que embadurnó mis noches de palpitantes sueños regados con el suave néctar de lo imposible.
Reparé en él la tarde que espetó a sus compañeros cuando retiré uno de mis libros favoritos:
-Habría que pedir más ejemplares de “Los tres mosqueteros” y proyectó sus ojos impasibles de color miel de enebro hasta los míos color asombro galvánico.
No tardé en regresar a mi templo preferido y en esta ocasión me decidí por un libro que llamara su atención.
Escogí un gran tomo de metafísica de Aristóteles.
Quería comprobar si surtía efecto mi estrategia de mujer fascinantemente cultivada y lograba seducirle con la erótica de mi hipocampo.
Esta vez ni siquiera levantó su mirada de la cubierta del libro lo que acrecentó aún más la fascinación que me provocaba ese hombre tan sobrecogedoramente indiferente.
Regresé un mes después y en esta ocasión el libro elegido -después de cuatro semanas tuve tiempo de sobra para calcular mi jugada con esmero- fue un manual a primera vista irresistible llamado "Sexo tántrico para hombres".
Pensé que si esta vez no se inclinaba con una genuflexión como es debido es que ni era hombre ni era nada.
-No pierda el tiempo, eso no sirve para nada.
Durante mucho tiempo le odié, como se odian los planes que nunca llegan a realizarse.
Un boceto emborronado.
Una certidumbre inconclusa.
Una averiguación infértil.
Sin embargo y para mi sorpresa descubrí el dilatado mundo del sexo tántrico unilateral lo que me serviría más adelante para convertirme en una diosa del sexo más refinado.
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| Jie Ma |
Meri Pas Blanquer
Lo confieso. Al principio
me enamoré de tus enormes pechos,
desmesuradamente grandes,
redondos, sostenidos. No te enfades
si te lo cuento ahora,
después de tanto tiempo.
No pretendo ofenderte.
Sólo quiero que sepas
que aquello fue una forma de atraerme,
hacer que me fijara en ti,
que te pidiese apuntes
para el siguiente examen
y quedásemos luego citados por la noche,
en tu pequeña casa junto al mar.
Me gustaba estudiar geografía contigo
porque me levantabas la camisa
y con tu mano izquierda
recorrías mi espalda,
buscando la frontera portuguesa
o tu pueblo natal en Teruel.
Fuimos buenos amigos desde el primer momento
y a mi me molestaba quedarme tan colgado
al mirarte a los ojos. Fue terrible
ir descubriendo cualidades tuyas,
tales como el cariño
que empleaste al hablarme
de tu novio en Madrid.
En las noches de luna
recuerdo tu perfil de joven diosa
aquella madrugada en el acantilado,
cuando me desnudaste
y sin mediar palabras
te desnudé yo a ti.
Es nuestro gran secreto, ya lo sé.
Y te he jurado
que nunca, nunca, nunca
lo voy a revelar. Pero te pido
un único favor:
déjame dedicarte este poema.
Javier Benítez Láinez
...
Fotografía: Meri Pas Blanquer
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| Christian Schloe |
Después de unos meses escondido en su habitación, pensó que permancer más tiempo sin ver la luz del sol le estaba restanto salud pues las últimas semanas se había percatado de un malestar físico que empezaba a preocuparle.
Tras realizar unos cuantos paseos comprobó con incomodidad que sus síntomas lejos de remitir se habían intensificado.
No le quedó otro remedio, a pesar de su odio a los hospitales, que hacerse examinar por un médico.
Le hicieron todo tipo de pruebas sin dar con el origen de su desazón.
Finalmente, un cardiólogo decidió utilizar un aparato que acababan de traer de Alemania y que por lo visto detectaba cualquier anomalía en cuestión de segundos.
Finalmente, un cardiólogo decidió utilizar un aparato que acababan de traer de Alemania y que por lo visto detectaba cualquier anomalía en cuestión de segundos.
En el momento que conectaron la máquina a su corazón empezaron a escucharse unos intensísimos gemidos rebosantes de una angustia sobrecogedora que estremeció a los allí presentes.
Una semana después el desdichado órgano todavía continuaba sollozando a pesar de estar guardado en la cámara frigorífica más recóndita del hospital.
Meri Pas Blanquer
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| Diana Dihaze |
Sé que vendrás una noche
a mis versos
entre metáforas desoladas
y epítetos inútiles.
A través de alguna
onomatopeya resonante
y taciturna te deslizarás
sobre el signo que te aguarda.
Me esperarás al doblar
la esquina del poema
donde el alma se refugia
de los márgenes,
en alguna línea desigual
que se haya sostenido
en su infortunio.
Vendrás aquí, llegarás
hasta el ombligo mismo de la elipsis
y mientras se incendian una a una
las vocales,
desaparecerá para siempre
la estrofa carbonizada.
Meri Pas Blanquer
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| Serge Marshennikov |
Cuando Pedro se levantó esa mañana notó algo extraño que no supo definir. Como estaba algo aletargado todavía, fue a lavarse la cara y volvió a mirar a su alrededor buscando el foco que su intuición reclamaba.
¡Era eso! A su cuadro favorito le faltaba la figura de la mujer desnuda. Inmeditamente se frotó los ojos, se pellizcó las orejas, necesitaba comprobar si quizás estaba soñando.
Pero no, ya que al ir hacia adelante y hacia atrás para observar desde varios ángulos el cuadro, se tropezó con algo que le hizo gritar de dolor.
Definitivamente faltaba la mujer desnuda del lienzo.
No sabiendo a qué atenerse decidió continuar con su vida, como si nada hubiera pasado.
A la mañana siguiente se levantó como un resorte para mirar el cuadro.
Suspiró aliviado. Había regresado.
La figura continuaba desnuda, pero esta vez reposaba sobre una cama llena de restos de lo que parecía había sido una desenfrenada noche de amor.
Meri Pas Blanquer
“Todo, hasta el mismo silencio
tiene algo que callar.”
Vladimir Holan
tiene algo que callar.”
Vladimir Holan
Sin palabras a veces nos amamos,
nos olemos la ropa,
inhalamos nuestros cuellos.
Nos miramos a los ojos
en un provocante silencio
que hace temblar el corazón
de las paredes.
Caricias secretas que con sigilo
visceral anuncian la tormenta.
Absorbemos la miel que se escurre
palpitante entre los dedos,
absolutamente callados nos consumimos
hasta caer al abismo del relámpago.
Abrimos la ventana;
escuchamos palabras, promesas,
juramentos.
En nuestra cama solamente
el pacto de los cuerpos acoplados,
enlazados, impregnados
en las sílabas mudas del amor.
Meri Pas Blanquer
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Nannimensch |
“Dame la llave de tu corazón, ¡Quiero salir!”
Zarko Petan
Zarko Petan
¿Y si te invito
a excavar esta noche
en mi alma?
Hay una herida
antigua aquí
en mi pecho
infectada
que no sangra.
Te mostraré la brecha.
Perfórala,
no temas
si gotea.
Lo que duele de verdad
es este recuerdo homicida
que ya empieza
a oler a rancio.
Meri Pas Blanquer
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| Auguste Rodin |
Una vez
tuve un amante analfabeto,
no sabía escribir
ni la m con la a,
los ojos le servían
para mirar
(eso si, con mucho interés)
las fotos de periódicos de fútbol
y coleccionar cromos de colores.
Además de analfabeto
era bilingüe.
Me lamía sin pestañear
todas mis partes
favoritas a la vez.
Tenía unos tríceps
que nos servían
como trampolines gigantes
para elevarnos hasta el cielo
en nuestras cópulas.
Hacer el amor con él
era sacrificar la gramática
por licuado de mango maduro.
que nos servían
como trampolines gigantes
para elevarnos hasta el cielo
en nuestras cópulas.
Hacer el amor con él
era sacrificar la gramática
por licuado de mango maduro.
Qué mejor tropo
que aquellas
feroces punzadas
de mármol travertino.
que aquellas
feroces punzadas
de mármol travertino.
No me besaba nunca,
me saboreaba
como a un higo jugoso
que se fuera extinguir.
me saboreaba
como a un higo jugoso
que se fuera extinguir.
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| Mihaly Zichy |
Las vecinas
muertas de envidia
me preguntaban
porqué aullaba por las noches
y yo les decía,
será la luna, será la luna.
Y era verdad
porque nunca mi vagina
se sintió tan llena,
me rebosaba
su excesivo tallo
por los bordes,
era una estrangulación venérea
ilimitada, interminable,
infinita.
Uno, dos, tres, cuatro,
así, hasta la madrugada
y vuelta a empezar.
Era analfabeto
pero ya quisieran
algunos eruditos
hacerme las hipérboles
que él me hizo
durante las fases
completas de la luna.
Meri Pas Blanquer
De Eróticos desvaríos
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| Egon Schiele. Two female nudes 1912 |
“Y lo estamos creando con nuestras vidas, nuestros gritos, nuestras risas y nuestros huesos”
Clarissa Pinkola Estés
Hay tardes donde las mujeres
vuelven a nacer
con un nuevo presagio
entre sus pechos.
Reciente leche
con la que alimentar
a los desterrados de la tundra.
La acidulada lágrima
se va transformado en oro
a medida que muerden
las superficies resbaladizas
y cuando emergen
de los desfiladeros,
repelen el agua
con su voluminoso pelaje.
Lobas de entrañas calientes
que arrastran batallas, nieve
y cataclismos, atadas a fuego
de su ancestral linaje
aullando infinitas
para incubar el olvido
de sus madrigueras.
He visto mujeres
alargar las raices
hasta sobrepasar
sus vientres rebosantes.
Mujeres que protegen
su camada derramando
su sangre en el intento.
Hay tardes en que las mujeres
se remiendan los zarpazos
y amamantan al universo.
Meri Pas Blanquer
De A una manzana del paraíso
torremozas 2016
![]() |
| Autor desconocido |
Cuando por fin llegó
el fin del mundo
solamente quedaba
una niña viva y un ejemplar
de la Biblia.
Como tenía miedo
a que se repitiera la historia
en vidas sucesivas,
primero quemó el libro
y luego se disolvió entre la niebla.
Por el camino se agarró
para no caerse a un extremo
de la bóveda celeste.
La gracia de la Luna clara
es igual a la del año anterior."
Bai Juyi (772-846)
Aunque te aparezcas
en sueños cada noche
desvaratando mis sábanas de lino.
A pesar de las flores
que sembramos y germinan ahora
en el camino.
Ni los cuartos crecientes
de la luna que una día
miramos los dos embelesados.
Ni siquiera
la bruñida torre de la iglesia
que emerge impune
a lo ordinario.
Ni mis plañidos
al invocar como un mantra
a tu fantasma.
Ni siquiera este otoño impetuoso
que se empeña en salpicar
los arroyos con sus hojas.
Nada logrará
lo que un día
hizo que las aguas del mar
se dividieran mientras
tú y yo ajenos a las vida,
nos contemplábamos.
Meri Pas Blanquer
De A una manzana del paraíso
Torremozas 2016
Meri Pas Blanquer (Carmen Pascual)-2014-2016. Con la tecnología de Blogger.














